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martes, 1 de enero de 2013

** SEGUNDA PARTE, CAPITULO 4: LOS TRENES DEL ANTIGUO IMPERIO MOGUL (IV) - DÍAS 23, 24 Y 25 DE NOVIEMBRE - 2011 **


SEGUNDA   PARTE 



capítulo 4 – LOS TRENES DEL ANTIGUO 
IMPERIO MOGUL (iv)▼▼▼


 ** 25 DE NOVIEMBRE  ** ▼ (Haz click aquí para mapa de ruta)


REFLEXIONES


Esta nación... sobrecoge. Sobrecoge el alma, con la contemplación de un patrimonio tan rico como ningún otro país de la tierra seguramente posee. Sobrecoge el corazón, sintiendo el desgarrador aliento de la miseria en tu cogote a cada paso, y sintiendo de igual modo la impotencia de saber que el remedio se antoja imposible. Sobrecoge la mente, al asimilar las poderosas cifras de las que hace gala en tantos aspectos. Y sobrecoge el físico, obligándote a un terrible esfuerzo para experimentarla, para sentir la pulsión de la vida que llena cada rincón de estas tierras. Porque la India es así: intensa, embriagadora y excesiva, un lugar que tensa las fibras nerviosas y exprime los sentidos, todos y cada uno de ellos, hasta llevarlos a unas dimensiones nunca antes visitadasLa India, con sus centenares de lenguas oficiales y sus miles de dioses de distintos credos, sus muchos millones de bocas que alimentar, su limpia democracia -una ‘rara avis’ y un modelo para la región-, sus tensiones religiosas, sus arrebatadores y formidables paisajes y ecosistemas, sus misiles balísticos AGNI de alcance intercontinental con cabezas nucleares… no existe un país tan singular en todo el orbe. Ódiala o ámala, pero estoy muy seguro de que nadie, absolutamente nadie, es capaz de quedar indiferente tras conocerla y vivirla en su genuina expresión.






















Yo no sé si la he amado, pero la he disfrutado con gusto, y la he sentido con pasión. Sus gentes son, en la mayoría de los casos, encantadoras. Si en alguna ocasión he llegado a pensar que caen a menudo en la impertinencia, es evidente que mi capacidad de empatizar fracasaba en tales momentos. Consideremos que en este país, la quinta parte de la humanidad vive en una porción de superficie equivalente a la cincuentava parte de las tierras emergidas. No hay mucho espacio para repartir y no sobran los recursos. Ellos aspiran a sobrevivir, a existir dignamente, a ser felices... nada distinto de lo que está en nuestra intención. De hecho, los pobres hacen lo que pueden en ese sentido, y sin perder de vista ni traicionar prácticamente nunca su máxima de respeto por la vida, por toda clase de vida. El día a día ofrece muchas dificultades a los indios: no es de extrañar la gran cantidad de lisiados, accidentados, quemados… que se ven aquí. Porque la vida puede ser dura, incluso extremadamente dura para un porcentaje elevado de la población india. Por todo lo dicho… ¿viviría yo aquí? De ninguna forma. ¿Volveré algún día? Estoy seguro de ello. En mi corazón ya vive la India. 


 Un cambio en la fecha y en las horas de vuelta va a suponerme varias ventajas añadidas. El regreso a Europa va a tener lugar en completa luz del día, algo que prácticamente no había sucedido en mis trayectos aéreos de larga duración, y cuando las nubes lo han permitido, he disfrutado de algunas excelentes panorámicas de Afghanistán y el Mar Caspio. Dos tranquilos vuelos y doce horas después de salir de Mumbai veo por fin –literalmente, gracias a una cámara instalada en la parte delantera del avión- tomar tierra al 777 de Air India en el concurrido aeropuerto internacional de Frankfurt, que me acoge a la europea: calles empapadas y dos grados de temperatura. Es Frankfurt, sin duda, otra gran ciudad como Mumbai, pero sin embargo, tan distinta... Una brutal transición.


Tras quince días sin apenas ingesta de carne, y molestando a mi conciencia, que es prácticamente vegetariana , por la noche me he dado un festín de los muy celebrados embutidos y salchichas germanos, sin que mi estómago haya emitido la más mínima queja. No salgo de mi asombro. Y antes de irme a la cama, donde el cansancio acumulado durante un mes, y la calefacción al máximo de mi hotel van a ejercer un efecto anestesiador, dejándome fuera de combate durante ocho dulces horas, descubro que, por las luces y los adornos de los árboles en la calle, en Europa es ya Navidad.




         ** 24 DE NOVIEMBRE ** ▼ (Haz click aquí para mapa de ruta)


Mumbai… ¡qué ciudad! Como una de las grandes megalópolis del orbe que es, su fisonomía recuerda mucho a la de otras hermanas suyas. Su carácter cosmopolita, no hay duda, se encuentra muy alejado del de la más provinciana Delhi. Aparece claro para al viajero que económicamente es uno de los pulmones del país, si no ‘el pulmón’, por excelencia.

LOS   'DOCKS'   DE   MUMBAI
La zona portuaria o ‘Docks’, a la que nos dirigimos a primera hora de la mañana, nos enseña una actividad frenética de gente de todo tipo subastando, limpiando y seleccionando el pescado. Para recordarnos a qué país pertenece este puerto, está el nauseabundo olor que todo lo invade, procedente de miles y miles de peces muertos esparcidos por todo el perímetro, y sobre los que se abalanzan ejércitos de gaviotas hambrientas; uno no puede dejar de pensar, ante la contemplación de tan luctuoso espectáculo, en el tremendo ejercicio de despilfarro sin sentido que supone el hecho en un país como este, tan necesitado de recursos alimentarios. Observo acto seguido que mi amigo Ankit no se encuentra reflexionando del mismo modo que yo: simplemente se tapa la nariz y la boca con el pañuelo, porque es incapaz de soportar el hedor. Finalmente yo también. El intenso pulso de vida que constituyen el bullicio de la gente y el trasiego de pequeños barcos de alegre y colorido marcaje no compensan. Tenemos que escapar.

CABRA CON COLLAR

EMBARCACIONES   ABANDONADAS (ARRIBA)                  ARAÑA (ABAJO)
Mumbai posee varias islas de mediano tamaño esparcidas por las diversas bahías que conforman sus costas. Casi todas poseen algún tipo de complejo petroquímico o alguna gran terminal de carga de mercancías. La que vamos a visitar también, pero en ella además encontramos unos cuantos tesoros de un valor histórico excepcional. Sobre la masa cruda de la roca, alguien excavó hace quince siglos uno, dos… hasta cinco templos, de diverso tamaño. El mayor asombra por el titánico trabajo que debió suponer horadar y cincelar las numerosas  columnas y salas. Estas últimas albergan figuras de diversas deidades de la religión hinduista, esculpidas de modo exquisito, pero -¡ay!- destruidas parcialmente y con sus miembros arrancados por los colonizadores portugueses, que las consideraron inspiradoras de ritos paganos, y de este modo mutilaron unas joyas arqueológicas irreemplazables que, a pesar de todos los desperfectos, han sido declaradas patrimonio de la Humanidad. Qué falta de sensibilidad y de visión de futuro, la de los lusitanos.

De vuelta a tierra firme, mi afición por la fotografía me ha costado otra regañina. La ‘Indian Navy’ tiene aquí una de sus bases, por lo que la toma de instantáneas se encuentra rigurosamente prohibida. Un gran portaaviones y varios submarinos destacan entre otras muchas naves pintadas en el mortecino color gris de la guerra. En cualquier caso, es manifiesto que este país se encuentra bien preparado para la lucha armada. Y según progresamos en nuestro humilde catamarán, y a medida que nos aproximamos de nuevo a tierra firme, uno comienza a sentirse empequeñecido por la magnificencia de la ‘coastline’ de la ciudad, con el horizonte totalmente inflamado de construcciones, muchas de las cuales son de una respetable altura.

 A la estación Victoria no hace mucho que le cambiaron el nombre, y en la nueva nomenclatura luce ahora como ‘Mumbai Central’. Es una grandiosa edificación de estilo Victoriano con detalles autóctonos, como muchos otros edificios de aquí, que nos hablan del peso que la ciudad tuvo ya en el pasado como centro administrativo. El ambiente en su interior es genuinamente indio: de auténtica locura; los enormes vestíbulos son cruzados continuamente en todos los sentidos posibles por una ensordecedora amalgama de viajeros, prestos casi todos ellos a hacer un uso masivo de las EMUs que sirven los tráficos locales. Veo a un hombre como se tira literalmente a la caja de la vía (casi una trinchera, dada la altura de los andenes indios), por la que corretean sin ser molestadas las ratas, y cómo comienza a recoger cualquier desperdicio aprovechable. Los atentados contra el Hotel Palace y el Hotel Trident tuvieron su origen en estos espacios. Los terroristas, al verse descubiertos, dejaron aquí varios cadáveres antes de dirigirse a los hoteles, donde les esperaban sus compinches. Una truculenta historia que los habitantes de Mumbai todavía conservan fresca en su memoria. Pero me queda claro que es una imagen que todavía le duele a la ciudad.

ESTACIÓN    VICTORIA
ESTACIÓN    VICTORIA
TRENES DE VIAJEROS


LAVANDERÍAS EN MUMBAI

Cuando la tarde va tocando a su fin, nos situamos en un punto sobre las vías, donde contemplamos por igual el incesante tráfico de trenes de todos los tipos y la sordidez que impregna la superficie ferroviaria. A la misma sordidez no son ajenos los lavaderos al aire libre situados muy próximos. Ankit apunta que no son visitables ‘in situ’, y yo le replico que afortunadamente, ello es así. La zona aparece rodeada de rascacielos, algunos con un diseño de lo más vanguardista. Los contrastes de siempre. Y para cerrar las visitas de hoy, un muy bien cuidado parque dedicado a las personas mayores, en el que tiene su hogar una nutrida colonia de atractivos córvidos bicolor. Una música de influencias locales llena todos los espacios, que inmediatamente me traslada una peligrosa melancolía por tener que dejar el país en unas horas. Será todavía mayor tras una postrera visita a ‘Gateway of India’.



CUERVOS   EN   PARQUE   DE   MUMBAI


Y llega la despedida de mi guía y amigo. Unas cervezas ‘Kingsfisher’ compartidas en un extraño local regentado por nepalíes y abarrotado de occidentales de blanca tez, unos abrazos, y el siguiente capítulo de nuestra historia común se escribirá en España, cuando resuelva sus problemas para conseguir el visado. Al salir a fumar un cigarro a la calle –está prohibido fumar en todos los espacios públicos en la India, incluidos por supuesto trenes, estaciones y andenes-, me llevo, tristemente, las últimas imágenes de mi estancia aquí: una viejecita menuda, de piel apergaminada, que arrastra lentamente su raído sari por el suelo, alzando una mano para solicitar una limosna que nadie le da, y tras ella, un muchacho que no pasará de 16 años, sin piernas, que avanza más que penosamente ayudándose de unas planchas de madera atadas a sus manos. No puedo seguir mirándoles…

ATARDECER   EN   MUMBAI



         ** 23 DE NOVIEMBRE ** ▼ (Haz click aquí para mapa de ruta)


Un torrente de lágrimas ha empapado esta noche el andén de la reposada estación de Udaipur. Una boda –concertada, como muchas en este país- ha tenido lugar entre una chica local y un muchacho de Mumbai, y la consecuencia inmediata de la celebración  es que la novia, de la mano de su marido, se dirige a esta última ciudad para pasar en ella el resto de sus días, junto con una abundante dote, pero alejándose, tal vez por mucho tiempo, de sus afligidos parientes. Los invitados por parte del novio, pertenecientes en su mayoría a la ‘High Class’ de Mumbai, han llenado el coche que nos ha tocado esta noche en suerte, otro ‘Sleeper AC two tier', esta vez con decoración en dos tonos de marrón –y con pequeños carteles autoadhesivos en los vestíbulos llamando la atención sobre sus recientes ‘desratización y desinsectación’, con lo que esta noche nos veremos libres de los pequeños roedores deambulando a nuestros pies-.  En la estación, la vía estrecha corre en un sentido hacia Ahmedabad, y la ancha en el contrario hacia Chittaugargh, con lo que Udaipur, ferroviariamente hablando, presenta un esquema similar al de Cartagena. En Chittaugargh invertimos la marcha, mientras tratamos de aprender algo de gaélico con una pareja de jóvenes mochileros irlandeses que, tras dar una pequeña propina al revisor, se han puesto a beber cerveza de firme, como no podía ser de otra forma.

El estado de las vías del país, excelentes por lo vivido hasta ahora, ha permitido un buen descanso en nuestros estrechos lechos en posición longitudinal al sentido de la marcha. Cuando despertamos, hemos abandonado ya el mítico Rajastán y sus palacios de ensueño, y nos hallamos en el más sureño de Gujarat. La vía es doble, electrificada, y la presencia de palmeras va haciéndose más habitual a medida que progresamos hacia el sur. Cruzamos numerosos ríos, que por su caudal recuerdan a los grandes cursos norteamericanos o rusos. El agua se hace omnipresente.



La línea que recorremos, entre Godhra y Surat recibe al menos en ocho ocasiones la conexión de líneas vecinales de anchos de 0’75 ó 0’60 metros, según mi mapa de ferrocarriles del año 2005; aunque ayer compré una nueva guía de los FFCC indios (¡por menos de un euro!), y no muestra ninguna de ellas reflejada. Para mi contrariedad, tan sólo he visto restos de tales vías en Ankleshwar, y demasiado fugazmente. Mi afición por la vía estrecha me ha sugerido de forma inmediata una futura vuelta de exploración más profunda por estos lares.



EMU  CLÁSICA  EN  MUMBAI  CENTRAL
Los puntos de cruce y alcance a lo largo de nuestra línea se sitúan, de forma bastante inteligente -y en una disposición que ya he observado en otros países- entre las vías generales. En uno de tales puntos he contemplado, sin el menor atisbo de sorpresa a estas alturas, a un tren de viajeros con vagones de mercancías situados en la cola del mismo. Estamos ya en el estado de Maharashtra, y acercándonos más y más a Mumbai. El hecho se aprecia claramente: ya desde una hora antes de la llegada, el tráfico de EMUs de doce coches de moderno diseño –siempre atestadas y siempre con racimos de gente a punto de caer a la vía que sobresalen por las puertas exteriores abiertas de par en par- comienza a ser intenso, y la vía doble pasa a ser cuádruple, séxtuple… el pasado colonial de la zona nos lo recuerda de manera muy evidente la estación de Santa Cruz. La trama urbana se torna densa, densísima… numerosas composiciones de EMUs de nueve coches de generaciones y tecnología superadas se muestran a los ojos del viajero apartadas para desguace en diversas estaciones; en Valsad también se muestran engarzados un par de coches ‘double deckers' en una composición de largo recorrido, lo cual me ha recordado de forma muy vívida que justo ahora hace cuatro semanas abordé un TGV en Figueras igualmente con coches de dos pisos en su composición… y hasta ahí llegan las semejanzas.

LLEGANDO   A   MUMBAI
FLORES   EN   LA   CIUDAD
Y llegamos al fin a la terminal de Bandra, con diez minutos de adelanto. La primera impresión de Mumbai es que esto no es oriente. Inopinada, abruptamente, acabo de despertar del sueño de las mil y una noches. ¿Qué es Mumbai, entonces? En este viaje parece que las posibilidades y las potencias del país se me fueran ofreciendo en escala ascendente… ¡y de qué modo! Porque hablar de una ciudad en la cabría más de la mitad de la población española, se antoja tarea difícil. Por un momento, y antes de cruzar un larguísimo puente colgante sobre una bahía, me ha recordado la silueta del bajo Manhattan vista desde New Jersey. 

EDIFICIOS VICTORIANOS 
'GATEWAY  OF  INDIA'
CARROZA   DECORADA

Ya de noche, variados retazos de un reciente pasado victoriano han adornado nuestro paseo vespertino. Y desde Marina Drive, al lado del mar, la línea de costa iluminada recuerda… qué se yo; quizá alguna lejana y exótica playa, como Copacabana, o Surfers Paradise… Una mezcla arrebatadora de substancias. Al final del ancho bulevar se encuentra la icónica ‘Gateway of India’ (no confundir con la –ahora lejana- ‘Indian Gate’, de Delhi), justo al lado de dos hoteles de bella factura, cuyos alrededores aparecen llenos de vallas de la policía de Mumbai, y tomados literalmente por vehículos del Ejército Indio. Seguramente ello se deba a que, hace ahora tres años, un grupo de terroristas pakistaníes convirtieron el lugar en zona de guerra durante tres días. Antes de caer abatidos por las fuerzas especiales del ejército, dejaron un reguero de 173 muertos y 327 heridos.

EDIFICIO   DEL   HOTEL   TAJ,   DONDE   TUVIERON   LUGAR   LOS   ATENTADOS   DE   2008

▲▲▲ capítulo 4 – LOS TRENES DEL
ANTIGUO IMPERIO MOGUL (iV)

miércoles, 21 de noviembre de 2012

** SEGUNDA PARTE, CAPITULO 3: LOS TRENES DEL ANTIGUO IMPERIO MOGUL (III) - DÍAS 19, 20, 21 Y 22 DE NOVIEMBRE - 2011 **



capítulo 3 – LOS TRENES DEL ANTIGUO IMPERIO MOGUL (iIi)▼▼▼

** 22 DE NOVIEMBRE ** ▼ (Haz click aquí para mapa de ruta)


ORNAMENTACIÓN  EN  PALACIO  DE  UDAIPUR
En pago por la severidad de mis últimos juicios sobre ella, hoy la India me ha devuelto ojo por ojo. Ha sido eso, o que los ritmos a que te obliga el país castigan nuestros atrofiados organismos occidentales. O simplemente es que me acerco a la fecha mágica de un mes lejos del hogar. O todo a la vez, quizás. El caso es que el descanso nocturno no ha existido –paradójicamente en este país, he pasado frío-, y me he levantado como si me hubieran pasado todos los elefantes del fuerte Amber por encima. Los agrios comentarios de ayer seguramente fueron producto de la contaminación a que los fuertes contrastes del país someten al espíritu. Me estoy convirtiendo en un bipolar en mi relación con esta sociedad, y paso de la admiración a la repugnancia con pasmosa facilidad. Sea como fuere, el estado de mi físico me ha impedido disfrutar del palacio de la ciudad como se debería. Y desde luego, es un lugar para ser disfrutado.

PALACIO   DE   UDAIPUR   DESDE  EL   LAGO

La imponente superficie que ocupa tiene en planta la forma de un barco, aunque una vez más, tan sólo una pequeña parte está abierta a las visitas. Una parte fascinante, por cierto, por lo rico de sus interiores y su arquitectura. Otros espacios están ocupados por establecimientos hoteleros, que ofrecen habitaciones a partir del módico precio de 400 euros, o se alquilan para frívolas y multitudinarias celebraciones de personalidades locales o foráneas. Un rato después, desde el barco al atardecer, descubriré lo realmente impresionante que es el complejo del palacio.
De camino a los prosaicos jardines de Shalid Kibad, hemos debido efectuar un incómodo y largo rodeo, esquivando una zona de mercado que había sido previamente cerrada al trasiego automovilístico y peatonal por la policía de la ciudad, debido ello a la sempiterna cuestión de las tensiones religiosas entre la comunidad hindú y la musulmana. Al parecer, y según me comenta Ankit, en una mezquita de la zona ha aparecido escrita la palabra ‘cerdo’. El conflicto, naturalmente, estaba servido… Y poco rato después, y tras diez días de aquel otro que trepaba a las cumbres de Teherán, vuelvo a subirme a un telecabina -que no parece despertar mayor entusiasmo entre los habitantes de Udaipur-, para situarnos en una colina que ofrece una buena panorámica de 270º sobre la ciudad. Observado todo desde aquí arriba, nuevamente la mugre desaparece de las calles, y la trama urbana y sus contornos aparecen esplendorosos. Desde esta posición aventajada, he podido avistar la estación de ferrocarril, y su material de dos anchos.

VISTA      PANORÁMICA     DE      UDAIPUR

GRÚA  A  VAPOR  DE  LA  VÍA  MÉTRICA
       ESTACIÓN    DE    UDAIPUR
Casi a vista de pájaro, hemos contemplado una ALCo efectuando maniobras con una larga composición –lo habitual- de los conocidos coches de viajeros en sus dos tonos de azul, muy probablemente los mismos en los que esta noche abandonemos la ciudad hacia Mumbai. Cuando al momento siguiente, franqueamos el umbral de la coqueta estación, vemos que ésta presenta un marcado carácter provinciano, con un muy escaso movimiento de circulaciones. Udaipur, no hace mucho tiempo, fue el epicentro de una extensa red mallada de vías métricas, pero ahora, tras la conversión de ancho de las principales, y el cierre de algunas otras, sólo posee un esquema simple de vías del ancho indio, y algo equivalente en la vía estrecha. A falta de movimiento de trenes, me recreo en la contemplación de un coche de la vía métrica rotulado en un extraño inglés ferroviario como de ‘remedio de accidentes’, y de una robusta grúa a unos metros del anterior. Cuando uno se fija bien en ella, descubre que a pesar del aparente moderno diseño, su accionamiento es…¡a vapor!, y posee una antediluviana distribución plana del tipo Stephenson. Un engendro curioso, cuando menos.

UDAIPUR
La vuelta en barco por los contornos del Pichola, bajo la luz de un atardecer sin nubes me ha llevado, y de nuevo en este país, a la ensoñación. Udaipur, con sus palacios- islas, sus verdes montañas y sus hermosos penachos mogules reflejándose orgullosos en el agua, es, decididamente, un maravilloso y embriagador lugar del orbe. El espectáculo nocturno de folclore y música autóctonos que hemos presenciado poco después, ha constituido un magnífico broche a nuestra estancia en la ciudad, esta seductora ciudad.

ESPECTÁCULO NOCTURNO DE FOLKLORE LOCAL
Y antes de abordar el ‘Udaipur – Bandra Superfast Express’, que tras mil kilómetros nos llevará a otras latitudes, me ha quedado claro que Ankit es, además de un encanto, un chico eficiente donde los haya. Mi chaqueta olvidada hace unos días en un ya lejano hotel, ha sido recuperada sin mayor problema, teniendo en cuenta la pesada burocracia y los tediosos procedimientos del país. Casi un milagro. Se lo agradeceré de corazón a partir de Frankfurt, dentro de tres días, cuando la temperatura baje bruscamente treinta grados.



        
         ** 21 DE NOVIEMBRE ** ▼ (Haz click aquí para mapa de ruta)



HOTEL  EN  KUMBHALGARH

FUERTE  DE  KUMBHALGARH
  Las sensaciones de ayer noche al contemplar Kumbhalgarh fueron tan intensas que el fuerte, de día, casi necesariamente habría de decepcionar. No es que no sea bonito –que los es- ni grande: sólo el perímetro exterior de muralla mide 36 kilómetros (únicamente superado por la muralla china en longitud), y aquella alberga no menos de 300 templos de diversos tamaños en el recinto que delimita. Sucede que son ya tantos los fuertes magníficos que he contemplado a lo largo de la estancia en el país que las retinas llegan a saturarse ligeramente. Y sucede también que lo de la pasada noche fue… muy especial. Aún así, la visión desde lo alto es espectacular, por hallarnos a 1200 metros de altura. De hecho, durante el monzón, el palacio queda por encima de la cota de las nubes, me asegura Ankit.                                                                             
FUERTE   DE   KUMBHALGARH

Tras compartir conversación y un té con un grupo de dos simpáticas mejicanas y una francesa, hemos continuado hacia Udaipur por una carretera en mejor estado que las de la jornada anterior, aunque las emociones al volante nos han seguido acompañando. La región nos ha mostrado durante buena parte del recorrido su faceta más rural. Toda la superficie de tierra aparece vallada, consagrando la propiedad privada. Ello ocurre incluso en los montes de escasa altura que jalonan la ruta. En el llano, los barbechos aterrazados son tratados y cultivados de forma ancestral, con arados y norias movidas por bueyes o búfalos. Así, de esta guisa, vive todavía la mitad de la población de la India (algo así como doce veces la población de España).


  
Al acercarnos a Udaipur, el paisaje se torna más y más atractivo, y sugiere inmediatos recuerdos de otros lugares del mundo. Es esta ciudad muy distinta a las anteriores, y de una gran belleza, con numerosos lagos cuyas aguas bañan muy a menudo una magnífica arquitectura. Curiosa mezcla de paisaje alpino, mediterráneo y subtropical. Udaipur es, por tanto, una delicia.


ARQUITECTURA  DE  JAIPUR
ATARDECER   EN   EL   LAGO   PICHOLA
Al menos lo es… desde la terraza de mi hotel -un establecimiento bastante vulgar, por otra parte-. Cuando uno baja a la calle, se encuentra de nuevo en una ciudad india, con todo lo que ello significa. 
Al apartarnos de la arteria principal, a la que algunas construcciones y otros varios templos, como el hermoso Jagdish, añaden genuina singularidad, nos sumergimos de nuevo en la sordidez de la alcantarilla. Un hombre con una rata moribunda en unas tenazas me ha golpeado al pasar, y ha sonreído ante mi visible mueca de repugnancia. El lago Pichola es, contemplado desde sus orillas, una enorme balsa de basuras flotantes. En él abrevan perros y vacas por igual, y se lavan y bañan ociosos gurús y gente corriente, también por igual. Los residuos se acumulan por todas partes, pequeños torrentes de aguas sucias corren por ambos lados de las calles y, para mi asombro, estas gentes se encuentran tan cómodas viviendo en un entorno semejante. Reflexiono al punto que la suciedad trasciende lo cultural, y que es algo a lo que uno no se acostumbra con facilidad como seña de identidad del país.




GURÚS    EN    JAGDISH    TEMPLE
        E igualmente, y tras 10 días de estancia aquí, reflexiono de modo abstracto, y alterado por todas estas imágenes, sobre la realidad socioeconómica que percibo. A estas alturas, este país se me antoja un proyecto cerrado, gastado (a pesar de su enorme crecimiento), que se retroalimenta, y al que no veo fácil solución, más allá de castas y religiones. Los recursos son abundantes, pero siempre limitados, y el problema es que son demasiados a repartir. Lo que el gobierno, por encima de sus imperfecciones, puede ofrecer, son soluciones provisionales que se convierten en permanentes, la mayoría de las cuales serían impensables en nuestras sociedades, por intolerables. Aventuro que, lastimosamente, puede que la cosa vaya a peor.



Con estas ideas, y con el fondo de fuegos artificiales y celebraciones de boda, que componen el retrato de una festivalera ciudad nocturna, claramente orientada hacia el turismo, me acuesto hoy. Bueno, y con un agudo dolor en mi barriga, debido a las 'samosas' excesivamente sazonadas con un curry duro como el agua del Pichola.  
                                                                                           
    
         ** 20 DE NOVIEMBRE ** ▼ (Haz click aquí para mapa de ruta)


CASI UN MILAGRO: CARRETERA INDIA VACÍA
Es un hecho observable que, a medida que uno se dirige hacia el este del globo desde Europa, los modos ortodoxos y las buenas formas al volante se van degradando progresivamente. La frontera que marca una diferencia clara podría ser el estrecho del Bósforo, y esta característica desaparece sólo cuando llegamos al Océano Pacífico (más allá, Japón es una exquisita excepción, debido seguramente a su insularidad). Vaya Vd. a saber si tiene que ver ello con las distintas realidades culturales, o es algo que bucea en idiosincrasias más profundas. La India es el perro flaco en este caso, porque además cuenta con un manifiesto exceso de población: hay demasiada gente aquí, y casi todos tienen carné de conducir. Así que hoy comienza la primera de dos jornadas electrizantes en automóvil. Y la cosa no es para tomársela a risa, puedo asegurar.

Las carreteras aparecen permanentemente ocupadas por artefactos con ruedas de toda clase: tuc tucs, camiones antediluvianos, lentísimos convoyes militares, tractores, un ejército de motocicletas y bicicletas… y por toda suerte de representantes de la clase mamíferos: perros, rebaños de ovejas, bueyes y vacas cruzando… y, por supuesto, multitud de personas utilizando ambos arcenes como caminos; en una ocasión hemos visto como a un dromedario de un pequeño rebaño lo golpeaba ligeramente un camión, con su chasis a punto de quebrar bajo el peso de la montaña de fardos que portaba. Todo ello es normal para los locales, que aplican la única regla que parece existir aquí: si hay espacio físico, se adelanta. Pero el espacio no es algo que abunde en los viales del país. En muchas ocasiones, cuando la colisión es inminente, sólo un ágil golpe de volante en el último momento evita la catástrofe. Afortunadamente, el estado de las carreteras (que se mueve dentro del rango aceptable-deplorable-calamitoso) no permite velocidades altas, y Papu, nuestro conductor, es un tipo prudente: ha llegado en varias ocasiones a parar para ceder el paso a los vehículos de sentido contrario. Aún así, en bastantes momentos –demasiados, quizá-, las ruedas de uno u otro lado han abandonado el asfalto y han besado la tierra.

LÍNEA   DE   JAISALMER  A  BARISADRI
ESTACIÓN  DE  RANI


El paisaje se mueve quizás entre la sabana africana y el perímetro del ‘outback’ australiano, y curiosas formaciones rocosas comienzan a puntear el mismo. Cruzamos en un par de lugares la línea de ferrocarril que desde Jaisalmer se dirige a Barisadri, que hasta no hace muchos años era de ancho métrico. Ankit intenta distraer mi nerviosismo con sus sabrosos comentarios, y decididamente lo logra. Me refiere que ayer, debido a la niebla, los trenes de la zona de Agra llegaron todos con más de dos horas y media de retraso. Entiendo que dada la densidad de vida sería de locos mantener velocidades elevadas en esas circunstancias. Y, con respecto a las numerosas celebraciones de boda que observamos estos días, en cualquier día de la semana, dice que en los meses anteriores no tuvieron lugar porque ‘los dioses estaban durmiendo’. Aprovechad su vigilia, novios.

MONJE  DE  RANAKPUR
TEMPLO  JAINISTA  DE  RANAKPUR
En la ruta aparece el templo Jainista de Ranakpur, atendido por los monjes que en él habitan –cosa común aquí-, que ofrece la curiosa particularidad de no repetir en ninguna de sus numerosas columnas el mismo diseño, y cuyas bóvedas de mármol muestran una filigrana tallada de singular belleza. A partir del lugar, la morfología del terreno y el paisaje comienzan a cambiar, y la carretera se retuerce entre montes de media altura cubiertos de vegetación. Papú asegura haber avistado tigres sueltos en esta zona hasta en tres ocasiones. Le creo, aunque en algún sitio he leído que los tigres en libertad del país no van más allá de los 2000 ejemplares. Tras un rato más de tortuosa ruta, llegamos al pintoresco lugar donde comeremos en la jornada de hoy. Se llama ‘Casa Manolo’, y sin embargo, no sirve tortilla de patatas.


FLORES  EN  LA  CARRETERA  DE  KUMBHALGARH
El fuerte de Kumbhalgarh al que por fin llegamos al final del día, sólo se ilumina 45 minutos para el espectáculo de luz y sonido –este último, sólo en hindi-. Ha sido más que suficiente. Desde la distancia, el cuadro que ofrece en la amarillenta luz de vapor de sodio, es una de las imágenes que quedan grabadas en la memoria para siempre. Bajo un aplastante y arrebatador cielo estrellado, libre de contaminación lumínica, ha constituido una de las contemplaciones más profundas y emocionantes de todo el viaje. Memorable. Cuando las luces se han apagado por fin, Ankit ha bromeado diciendo: ‘si oyes un ruido, seguro que es un tigre; apaga entonces rápidamente la linterna’.

Y el círculo del placer se cierra esta noche al ocupar la habitación de uno de los hoteles con más encanto de los que he disfrutado en mi vida de viajero. Muy lejos –por primera vez durante la estancia en el país- del exceso de las ciudades y de su sinfonía de ruidos nocturnos, y rodeado de exuberante vegetación tropical, éste es un sitio que te atrapa, te deleita y te invita –a pesar de los numerosos apagones- al descanso más medicinal. Los pausados gritos de los monos y de algún ave nocturna exótica me arrullarán en esta velada mágica.

         ** 19 DE NOVIEMBRE ** ▼ (Haz click aquí para mapa de ruta)


JODHPUR
 Creo haberlo dicho ya. Los extremos que la India nos presenta durante nuestra estancia en el país no deben tener parangón en todo el orbe. Uno tiene aquí la impresión de estar jugando permanentemente al juego de los contrarios. Tales vaivenes en la exposición a que nos vemos sometidos llegan a alterar la ecuanimidad en el juicio, y desde luego que el mío fue en exceso severo ayer por la noche, cuando incluso llegué a bautizar mentalmente a Jodhpur como ‘la ciudad de las ratas’. Porque hoy, Ankit me ha explicado que el dios Ganesha –uno más del panteón de dioses hinduístas-, representado con la figura de un elefante y administrador de buena fortuna, utiliza para sus desplazamientos un carro tirado por ratas. Así que, si no veneradas, aquí las ratas son, cuando menos, respetadas. Voy entendiendo. 
FUERTE   MEHRANGARH
                                                                                                    Jodhpur es una bella ciudad, sin tachas. Ya con el día, y mientras subimos al fuerte Mehrangarh, se desplega a nuestros pies y a ambos lados de la fortaleza una masa de viviendas de color azul, y despuntan aquí y allá una serie de colinas sobre las que se erigen templos, murallas e históricos edificios que atrapan la mirada al instante y la embelesan… todo un encantador conjunto. Jodhpur, ‘la ciudad azul’ (así como Jaipur es ‘la ciudad rosa’)  es la más bonita de todas las visitadas hasta ahora en la India. El color azul de las construcciones es el responsable de tal acepción; con él, originalmente, se significaba que eran habitadas por Brahmanes, o miembros de la primera casta, pero más tarde se comenzó a pintar otras de tal modo, porque se descubrió que el índigo tiene propiedades refrescantes. Algo que, por cierto, no les viene nada mal a las casas de las llanuras rajastaníes, abrasadas por el sol.




CAMELLO  DESCANSANDO
Por encima de todos ellos, la maravilla del fuerte Mehrangarh. Cautivador. En el siglo XV, el rey a cuyo nombre debe la ciudad el suyo, decidió construir aquí una alta fortaleza, para mejor defensa de la misma. Las bellas torres de piedra arenisca talladas a mano de forma suntuosa caen a pico sobre los riscos, haciendo el lugar prácticamente inexpugnable. Tras la contemplación de las maravillas y riquezas que alberga en su interior, uno sale ligeramente confundido, y con la misma pregunta de todos estos días buscando respuesta. No creo que haya una nación en todo el planeta con un legado histórico tan impresionante, con un patrimonio tan rico… y sin embargo que ofrezca tantas dificultades para la vida humana, y con una pobreza tan manifiesta. A veces creo que no es sólo un problema de superpoblación.
   
FUERTE    MEHRANGARH
Del mismo modo que en el absolutamente ininteligible idioma hindi (más allá de expresiones simples del tipo ‘hola’, ‘si’, ‘no’…), los nativos inyectan numerosas palabras y giros del inglés, Ankit y yo hemos desarrollado en complicidad una especie de ‘espanglish’ muy utilitario, dado que su conocimiento del español es más o menos equivalente al mío del inglés. La comunicación es perfecta mezclando ambas lenguas. Aunque puedo asegurar que hago mis esfuerzos por aprender nombres en el idioma de aquí, creo que no recordaré en España mucho de lo aprendido, aparte, quizá, del nombre de mi plato favorito: ‘Chola Bhatura’ es el equivalente a mi paladar del ‘Dizi’ iraní, un exquisito plato de garbanzos en una salsa muy especiada y de deliciosos matices orientales. Lo descubrí por casualidad el día de la boda, y he repetido varias veces. Hoy, por supuesto, también

MAUSOLEO  HASWANT  THADA
MONOS  EN PARQUE MANDORE
                  
Las satisfacciones que Jodhpur procura al visitante van más allá del fuerte Mehrangarh. El mausoleo Jashwant Thada del marajá Jashwant Singh II, edificado en honor de este hombre que tanto hizo por la ciudad, se muestra magnífico cuando lo enmarco en mi objetivo de 50 mm. Los jardines Mandore ofrecen, con su conjunto de cenotafios numerados, construidos en la popular arenisca roja, abundantes motivos a la fotografía… así como los monos que lo pueblan, de una especie mucho más amistosa y tranquila que los exasperantes macacos vistos hasta ahora. Éstos son un amor.


El palacio del marajá Umaid Bhawan, el último de los grandes palacios erigidos en la India, parece obra de un megalómano, pero sin embargo se concibió con un propósito benefactor. De diseño inglés, mantuvo durante varios años ocupado y con trabajo a un ejército de 15.000 personas, y llegó incluso a contar con su propio ferrocarril, para el transporte de la roca utilizada durante su construcción. Su ‘hall’ evoca difusos recuerdos de escenarios utilizados por la industria de Hollywood.

PALACIO    UMAID    BHAWAN
Y, hablando de ferrocarriles, he sabido que hasta hace sólo dos años, la línea que se dirige a Fedusar era de vía estrecha, pero, para mi contrariedad, ha sido ensanchada. El día se acaba, hoy es sábado y jornada de reflexión en España, y me retiro a descansar antes de salir a buscar un lugar decente para la cena explorando el Jodhpur nocturno, no sin que las imágenes de los restos calcinados de un coche en el centro de la calzada, y el rostro de una anciana (quien, debido a vaya Vd. a saber qué enfermedad, presenta unas facciones tan macilentas y una piel tan arrugada y reseca que he retrocedido mentalmente en un segundo al Museo Nacional de El Cairo) aplastándose contra la ventanilla de mi lado en el coche, solicitando la ‘baksheesh’, hayan ensombrecido ligeramente la tarde.


▲▲▲ capítulo 3 – LOS TRENES DEL
ANTIGUO IMPERIO MOGUL (iiI)